Miguel Cardona y Ana María Favela, autores de “El Rumbo es Otra Cosa”, desmontan los mitos del liderazgo moderno: del ego al servicio, de la jerarquía a la confianza.
El 55% de las renuncias en las empresas tienen que ver con el mal liderazgo. No con el salario, no con las prestaciones — con el líder. Y, sin embargo, ningún directivo llega a su oficina pensando en cómo hacerle la vida imposible a su equipo. Entonces, ¿qué está fallando?
Esa es precisamente la pregunta que Miguel Ángel Cardona y Ana María Favela se hicieron al escribir “El Rumbo es Otra Cosa”, un libro construido como un diálogo — dos voces, dos ciudades, una misma mesa de café imaginaria — donde el liderazgo se analiza desde la guerra, los negocios, el deporte y el arte. En conversación con Neuron Business Media, los autores compartieron las ideas centrales del libro y lo que consideran las claves — y los errores más comunes — del liderazgo contemporáneo.
El primer error: seguir queriendo ser el héroe
Para Cardona, uno de los cambios más urgentes que debe hacer un líder es abandonar la figura del protagonista que todo lo sabe y todo lo resuelve.
“El liderazgo más efectivo hoy es un liderazgo de servicio. Que habilita a los equipos para crecer, que tiene claro el norte de la empresa y que trabaja por procesos. El resultado es una fotografía — la tarea del líder es trabajar el proceso para llegar ahí.”
Favela lo complementa desde la psicología: el verdadero punto de partida es la maestría personal. Cita el prólogo del libro, escrito por Taishi Murano: “Si quieres tener un imperio, impera sobre ti mismo primero.” No como destello romántico, sino como práctica disciplinada y continua. La metacognición — la capacidad de ver con objetividad lo que no sabes para poder trabajar en ello — es, según ella, la más importante de todas las inteligencias porque orquesta a todas las demás.
Decisiones impopulares: cuándo el líder tiene que ser el villano
Uno de los temas más ricos de la conversación fue el de las decisiones difíciles — esas que van a doler y que van a costar simpatía.
“Lo primero que hay que despojarse es del ego, del querer ser querido y admirado. La visión tiene que ser de túnel hacia los resultados, con foco en el bien mayor. No siempre vas a ser la monedita de oro.”
Pero hay una fórmula que funciona con el tiempo: si tu porcentaje de aciertos en decisiones difíciles es alto, el equipo empieza a confiar, aunque en el momento no le haya gustado la decisión. La clave, agrega, es la transparencia: no basta con tomar la decisión, hay que explicar la lógica detrás. Que el equipo comprenda aunque no esté de acuerdo.
Favela añade una palabra que resume todo: ecuanimidad. Ni complaciente ni arrogante. Y un principio que aplica tanto hacia adentro como hacia afuera: si la decisión resulta bien, los créditos son del equipo. Si sale mal, la responsabilidad es del líder.
La aviación, industria en la que Cardona tiene experiencia directa, lo ilustra con claridad brutal: un capitán que decide no despegar porque las condiciones no son seguras es impopular en el momento — y correcto en el fondo.
Cómo manejar una crisis sin perder el rumbo
Ante la pregunta de cómo actuar en crisis, Favela recurre al estoicismo: “Una mente calmada es la única que puede encontrar un camino y transmitir confianza al equipo. No puedes controlar las circunstancias, pero sí la forma en que respondes a ellas.”
Sus cuatro puntos para gestionar una crisis:
— Estar presente y visible — el liderazgo no es tener todas las respuestas, es estar accesible para que el equipo saque al buey de la barranca junto contigo.
— Comunicar de forma constante y clara — en crisis, el silencio es el peor enemigo porque genera incertidumbre y parálisis.
— Aplicar el principio de Pareto — enfocar al equipo en el 20% de acciones que generará el 80% de los resultados, no en apagar todos los fuegos a la vez.
— Cultivar la resiliencia — Favela trae el concepto japonés del kintsugi: la cerámica rota que se repara con hilos de oro vale más que la original, porque tiene carácter.
Cardona lo traduce al lenguaje de la aviación con tres palabras: aviate, navigate, communicate. No dejes de volar el avión. Una vez que operas, elige hacia dónde vas. Y mantén al equipo informado en todo momento.
Las señales de que estás perdiendo a tu equipo
Cuando el equipo deja de retarte, ya vas en mal camino. Esa es la primera alerta que señala Cardona. No que te falten el respeto — sino que ya no te traen malas noticias ni señalan puntos ciegos. El caso más documentado y más didáctico, dice, es el de Hitler en la Segunda Guerra Mundial: los generales del Estado Mayor temían contradecirlo aunque tuvieran sustento para hacerlo.
La segunda señal es la falta de reconocimiento — pero Favela matiza: no se trata de aplaudir a todos por igual. Leer al equipo significa saber quién necesita el reconocimiento explícito y quién prefiere que el silencio sea la señal de que todo va bien. El empowerment real se demuestra dejando proyectos completos en manos del equipo — de la A a la Z — y corresponsabilizándolos también cuando algo no sale bien.
Lo que ya está obsoleto — y lo que nunca lo estará
Favela es directa sobre lo que ya no funciona: las jerarquías rígidas, el autoritarismo, la infalibilidad como máscara, la burocracia que mata la velocidad corporativa y el líder experto solitario que no delega ni contrata a alguien más capaz que él.
“La modernidad es líquida. Menos peldaños, más rápido corremos.”
En cambio, Cardona cierra con tres cosas que nunca han pasado de moda en los grandes liderazgos: la autoconciencia — Marco Aurelio escribía su diario para entenderse mejor a sí mismo antes de gobernar el imperio romano. El desarrollo de los demás — la regla que le dejó su padre: “La empresa tiene que funcionar contigo, sin ti y a veces hasta a pesar de ti.” Y la perspectiva sistémica — esa ciudadanía global que hace que el liderazgo trascienda industrias, épocas y géneros.
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