NEURON BUSINESS MEDIA — MINING TALKS

Pablo Méndez, Socio Director de EC Rubio, radiografía el estado real del sector: un año con valor de producción récord, permisos desbloqueados, el mito del agua desarmado — y una oportunidad de minerales críticos que el país todavía no sabe cómo aprovechar del todo.

México es el primer productor de plata en el mundo. No el segundo, no el tercero — el primero, con una producción cercana al doble de la de China. Eso solo debería ser suficiente para que cualquier inversionista global pusiera al país en el primer renglón de su lista. Y sin embargo, en los rankings internacionales de atracción de inversión minera, México ha caído del top 10 al rango de los 40 intermedios.

Esa paradoja — geología de clase mundial, competitividad en declive — es el punto de partida de la conversación con Pablo Méndez, Socio Director de EC Rubio y uno de los abogados más experimentados del sector minero en México, con más de dos décadas asesorando a empresas nacionales e internacionales en sus operaciones en el país.

La minería mexicana en números (2025, fuente: Camimex)

•  Valor de producción minero-metalúrgica: $379,290 millones de pesos — récord histórico, +21.2% vs 2024

•  En dólares: 19,765 millones USD (+15.9% anual)

•  Exportaciones del sector: 30,642 millones USD (+19.8%)

•  Superávit comercial minero: 13,747 millones USD

•  Aportaciones fiscales: 78,136 millones de pesos (+72.3%)

•  Empleos directos: más de 417,000 / Empleos totales: más de 3 millones

•  Aporte al PIB industrial: 8.7%

•  Plata: +34.9% en valor •  Oro: +31.8% •  Cobre: +12.9% •  Zinc: +12.7%

Un sector que pocos dimensionan

Antes de hablar de los problemas, Méndez pone los números sobre la mesa. La minería aporta el 4.7% del PIB nacional y genera más de 3 millones de empleos entre directos e indirectos. Además de la plata, México es un jugador protagonista en cobre, zinc y fluorita — minerales que están en el centro de la transición energética global y de la expansión de industrias como la automotriz y la electrónica.

Lo que los números de 2025 revelan es una industria que creció en valor pero no en volumen. El récord de producción fue impulsado por el alza en los precios internacionales de los metales, no por nuevos proyectos ni mayor capacidad instalada. Es decir: México ganó más dinero con lo mismo que ya tenía — lo cual, en un sector que depende de la exploración para su futuro, es una señal de alerta.

“Es una industria fundamental en México desde la época de la conquista, pero lo que ha cambiado en las últimas dos décadas es que ha evolucionado hacia una actividad moderna y sostenible. El problema es que esa modernización no siempre llega al debate público.”

El desplome en los rankings y sus causas

¿Qué explica la caída de México en los índices de inversión minera? Méndez identifica varios factores que se acumularon durante la administración anterior: inseguridad jurídica, carga impositiva, costos laborales y, sobre todo, una restricción severa en la obtención de permisos. Durante la administración anterior se acumularon retrasos importantes y numerosos proyectos enfrentaron restricciones o largos periodos de espera para obtener autorizaciones ambientales. El resultado fue predecible: los capitales se fueron a jurisdicciones con reglas más claras.

La reforma minera de 2023 agregó otra capa de incertidumbre. La Suprema Corte respaldó en septiembre de 2025 un mecanismo que validó la cancelación de solicitudes de concesiones pendientes. Para diversos inversionistas, la resolución confirmó que los procedimientos pendientes pueden quedar sujetos a cambios legislativos posteriores, lo que reforzó la preocupación sobre la certeza jurídica de las inversiones de largo plazo.

La buena noticia es que la administración de Claudia Sheinbaum ha comenzado a mover el tablero. El año pasado se desbloquearon permisos ambientales para extensiones de minas en operación, y recientemente la SEMARNAT otorgó la manifestación de impacto ambiental para la construcción de tres nuevas minas importantes de oro, plata y cobre. Son señales concretas, no solo discurso.

El reto de una gestión responsable del agua

Uno de los temas donde Méndez es más contundente es el del agua. La narrativa de que la minería agota los recursos hídricos de las zonas donde opera, dice, no resiste el análisis de los datos.

El volumen total de agua concesionada a la minería representa apenas el 0.27% del agua nacional. Para ponerlo en perspectiva: una operación minera con 2,500 empleados consume la misma cantidad de agua al año que 40 hectáreas de cultivo de alfalfa. La industria agrícola, que nadie cuestiona con la misma intensidad, representa más del 76% del consumo hídrico nacional.

Más allá de la comparación, la industria está avanzando hacia modelos que reducen aún más esa huella. Méndez describe proyectos que ya operan con circuitos cerrados, reutilización de agua y esquemas de cero descargas. Hay operaciones que funcionan exclusivamente con aguas residuales de poblaciones cercanas — un modelo que apunta a convertirse en el estándar del sector.

“El agua es un recurso sensible y crítico, y la industria lo sabe. Por eso está invirtiendo en tecnología para usarla mejor, no para ignorar el problema.”

Seguridad: compleja, pero no paralizante

La seguridad es el tema que más incomoda al sector — y con razón. Méndez no lo esquiva, pero sí lo contextualiza. Las situaciones que han afectado a operaciones mineras en ciertas regiones del país son eventos que el sector toma con extrema seriedad. Estas situaciones no afectan de manera uniforme a todas las regiones, pero constituyen un riesgo serio en determinados corredores y requieren atención permanente.

Lo que sí es una realidad cotidiana para muchas operaciones es el robo de insumos. Algunas operaciones consumen diariamente grandes volúmenes de combustible, lo que implica una logídca constante y una vulnerabilidad real ante el robo de insumos y minerales. La respuesta del sector ha sido la coordinación con autoridades federales y estatales, incluyendo cuerpos especializados en algunas regiones como Chihuahua. Méndez es claro: la coordinación tiene que ser constante, no reactiva.

La oportunidad que México todavía no capitaliza

El punto más estratégico de la conversación llega cuando Méndez habla de minerales críticos. México tiene reservas de litio, gráfito, manganeso, cobalto, molíbdeno y tierras raras — los mismos minerales que el mundo está demandando de manera creciente para fabricar baterías, chips, centros de datos, infraestructura eléctrica y equipos de defensa. El T-MEC coloca al país en una posición privilegiada para ser proveedor estratégico de América del Norte en estos insumos.

El problema es que la estrategia minera mexicana todavía está orientada predominantemente hacia los metales tradicionales y preciosos. La reforma de 2023 le asignó al Servicio Geológico Mexicano la función exclusiva de explorar el territorio nacional — pero sus capacidades presupuestales y operativas resultan limitadas frente a la extensión territorial y al volumen de exploración que requiere el país. Mientras tanto, otros países están avanzando con estrategias nacionales de minerales críticos bien financiadas y con reglas claras para la inversión privada.

“La transición energética global va a requerir más minerales, no menos. México puede y debe ser parte de esa cadena de valor. Pero para lograrlo necesita certeza jurídica, trámites oportunos y relaciones sólidas con las comunidades.”

Lo que no cambia

Méndez lleva 20 años en el sector y no tiene intención de salirse. Lo que lo mantiene, dice, es precisamente la naturaleza multidisciplinaria del trabajo: un día es derecho corporativo, otro es relaciones comunitarias, otro es gestión de crisis. No hay dos proyectos iguales.

Y hay una convicción que atraviesa toda su práctica: la geología puede descubrir un yacimiento, pero es la confianza — con autoridades, con comunidades, con inversionistas, con trabajadores — la que permite desarrollar una mina. En un sector donde muchos proyectos no se detienen por falta de minerales, sino por falta de estrategia, confianza o viabilidad social, esa distinción lo es todo.

Pablo Méndez es Socio Director de EC Rubio y líder de la práctica de Minería y Recursos Naturales. Lleva más de 20 años asesorando a compañías mineras mexicanas e internacionales en el desarrollo, operación y protección de sus proyectos en México. Fuentes: Camimex Informe Anual 2026, Expansión, IMEF, INEGI.

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