Decarbonizing the Automotive Value Chain: From Energy Strategy to Supplier Requirements

https://youtu.be/TeJPbhomQ94

La descarbonización de la industria automotriz ya no ocurre únicamente dentro de las plantas de ensamble. Está avanzando hacia toda la cadena de valor y comienza a modificar la manera en que las empresas consumen energía, miden sus procesos, seleccionan tecnologías y se relacionan con sus proveedores.

Para la industria mexicana, el desafío es particularmente relevante: reducir emisiones ya no significa solamente incorporar energía renovable. También implica conocer cuánto consume cada proceso, reducir desperdicios, digitalizar la operación, garantizar trazabilidad y prepararse para requisitos que cada vez más se trasladan desde los OEM hacia los distintos niveles de proveeduría.

Durante el panel Decarbonizing the Automotive Value Chain: From Energy Strategy to Supplier Requirements, líderes de Curfimex, ACCIONA, Waukesha y ENGIE coincidieron en que la siguiente etapa de la sustentabilidad automotriz estará determinada por la capacidad de convertir la descarbonización en una estrategia operativa y financiera.

La huella de carbono ya recorre toda la cadena

Uno de los cambios más importantes es que la conversación dejó de limitarse al consumo energético de una planta.

Desde la manufactura de cuero hasta el estampado de componentes metálicos, cada proceso tiene una huella asociada al uso de agua, energía, químicos, materiales y generación de residuos. En el caso de Curfimex, por ejemplo, la producción de cuero para interiores automotrices implica una cadena que comienza desde el sector agrícola y requiere procesos intensivos en agua y químicos, haciendo necesario establecer estándares homogéneos y mecanismos de auditoría a lo largo de la cadena de valor.

Esta lógica también está alcanzando a los proveedores Tier 1, Tier 2 y Tier 3. Las metas de descarbonización de los OEM terminan trasladándose hacia sus proveedores, particularmente cuando se considera el impacto de los alcances 1, 2 y 3.

Por eso, la pregunta para un proveedor ya no es únicamente cuánto emite su propia operación, sino qué tan capaz es de demostrarlo, reducirlo y mantener esa información disponible para sus clientes.

La energía deja de ser un gasto aislado

Durante años, hablar de energía en manufactura significaba principalmente hablar de costos. La conversación está cambiando.

El consumo energético empieza a analizarse como una variable que impacta simultáneamente la rentabilidad, la flexibilidad operativa y la capacidad de cumplir objetivos ambientales.

ACCIONA planteó justamente esta evolución: generar energía renovable es solamente una parte de la solución. La otra consiste en reducir el consumo necesario para producir cada unidad. Aire comprimido, sistemas de enfriamiento, maquinaria y otros procesos pueden representar oportunidades para disminuir el consumo energético por pieza fabricada.

Esto tiene una consecuencia directa para las operaciones. Una planta que utiliza menos energía por unidad producida no solamente reduce emisiones; también puede ganar flexibilidad frente a cambios en sus volúmenes de producción.

La descarbonización comienza así a hablar el mismo idioma que manufactura: productividad, costos, eficiencia y capacidad de adaptación.

No existe una solución energética igual para todas las plantas

Uno de los puntos centrales de la conversación fue precisamente evitar la idea de que existe una receta universal para descarbonizar.

Antes de decidir entre generación distribuida, autoconsumo, energía renovable, almacenamiento o cualquier otra alternativa, es necesario entender cómo consume energía cada operación.

Una planta que trabaja distintos turnos enfrenta necesidades diferentes a una operación que concentra su producción en determinados horarios. Lo mismo sucede entre un OEM, un Tier 1 dedicado a pintura o un Tier 2 de componentes: la electrificación de sus procesos, sus perfiles de consumo y sus objetivos de descarbonizació

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