Los accidentes no ocurren por azar
Aunque los accidentes carreteros suelen atribuirse a fallas mecánicas, condiciones climáticas o deficiencias en la infraestructura, especialistas del sector coinciden en que el principal detonante continúa siendo el comportamiento humano.
De acuerdo con Adrián Trucios, CEO de Airbag, hasta el 97 % de los accidentes viales en el transporte están relacionados con el factor humano y, en muchos casos, son eventos que pudieron haberse prevenido. Más aún, diversos estudios apuntan a que el 99 % de los accidentes son evitables bajo ciertas condiciones de conducción segura.
La percepción de que un accidente ocurre de manera repentina o por mala suerte es, según el directivo, una idea equivocada. “El accidente sucede en segundos, pero se viene construyendo desde mucho antes”, explica. Exceso de velocidad, distracciones constantes, jornadas prolongadas y falta de descanso forman parte de una cadena de decisiones que incrementa significativamente el riesgo.
El celular: el enemigo silencioso al volante
Uno de los datos más alarmantes es el relacionado con las distracciones al conducir. Actualmente, alrededor del 70 % de los accidentes está vinculado al uso del teléfono celular.
La razón es simple: un conductor que aparta la vista del camino durante apenas cinco segundos mientras circula a 90 kilómetros por hora recorre prácticamente la longitud de un campo de fútbol completamente a ciegas.
Sin importar la experiencia del operador o la tecnología instalada en el vehículo, la distracción elimina cualquier capacidad de reacción. Microacciones aparentemente inofensivas, como responder un mensaje, revisar una notificación o conversar sin mantener la atención en el camino, pueden convertirse en incidentes fatales.
El problema no es menor. En México, aproximadamente 44 personas mueren diariamente en accidentes de tránsito, muchos de ellos originados por hábitos inseguros que se repiten de manera cotidiana.
Una industria que premia conductas de riesgo
Más allá de las decisiones individuales, existe un problema estructural dentro del sector logístico y de transporte.
Trucios señala que gran parte de los incentivos económicos en la industria siguen fomentando prácticas peligrosas. Bonos asociados a la puntualidad extrema, la cantidad de kilómetros recorridos o el rendimiento operativo pueden empujar a los conductores a exceder los límites de velocidad, reducir sus tiempos de descanso o incluso ocultar condiciones de fatiga para no perder ingresos.
“Son incentivos perversos”, afirma el directivo, al referirse a esquemas que priorizan la productividad sobre la seguridad.
Esta situación se agrava cuando los operadores enfrentan largas jornadas, escasa convivencia familiar y presión constante por cumplir tiempos de entrega. Bajo ese contexto, el conductor suele quedar relegado a un segundo plano, pese a ser el elemento central de toda operación logística.
Paradójicamente, esta estrategia termina afectando también a las empresas. Según datos compartidos durante la entrevista, entre el 20 % y el 30 % de las flotas permanecen fuera de operación a lo largo del año debido a accidentes o mantenimiento correctivo.
Escasez de operadores y retos para la retención
El sector enfrenta además un problema creciente de capital humano. Actualmente existe una escasez cercana al 40 % de conductores, situación que está obligando a las empresas a replantear sus estrategias de atracción y retención de talento.
Uno de los indicadores más preocupantes es la alta rotación laboral: siete de cada diez operadores no permanecen más de 90 días en la misma empresa.
Esta dinámica genera costos importantes relacionados con reclutamiento, capacitación y tiempos improductivos, además de afectar la continuidad operativa.
Ante este escenario, algunas organizaciones han comenzado a modificar sus modelos de gestión, apostando por mejores condiciones laborales, capacitación continua, programas de bienestar y esquemas de incentivos orientados a la seguridad.
Asimismo, la creciente incorporación de mujeres al autotransporte está transformando el panorama de la industria. De acuerdo con la experiencia compartida por Trucios, los indicadores muestran que las conductoras presentan comportamientos de manejo más seguros, lo que ha impulsado el desarrollo de programas específicos de formación para este segmento.
Tecnología sí, pero con una visión centrada en las personas
Aunque la tecnología aplicada a la seguridad vial ha avanzado considerablemente en los últimos años, los especialistas consideran que su verdadero impacto depende de cómo se utilice.
Herramientas de monitoreo, cámaras inteligentes, sistemas de alerta y plataformas de análisis de datos ya están mostrando resultados positivos en la reducción gradual de incidentes. Sin embargo, su efectividad requiere tiempo, seguimiento y una estrategia integral.
Por otro lado, la posibilidad de un transporte completamente autónomo todavía parece lejana, especialmente en mercados como México, donde persisten retos relacionados con infraestructura, regulación y seguridad pública.
Más allá de los avances tecnológicos, el consenso dentro del sector apunta hacia una conclusión clara: la seguridad vial no depende exclusivamente de los vehículos o los sistemas inteligentes, sino de la capacidad de las organizaciones para colocar al operador en el centro de la estrategia.
En una industria donde las personas continúan siendo el motor de las operaciones, invertir en su bienestar, capacitación y desarrollo podría representar no solo una mejora en seguridad, sino también una ventaja competitiva de largo plazo.







