Parece que Sam Altman no sabe descansar. Mientras el resto de las tecnológicas aún intentan entender cómo competir con ChatGPT, OpenAI volvió a romper internet con una jugada que parece sacada del manual de los villanos corporativos (de los inteligentes, claro).
Todo empezó con lo que parecía un lunes tranquilo. Sin previo aviso, OpenAI anunció que ChatGPT ahora se integra directamente con apps de terceros: Booking, Canva, Expedia, Figma, Spotify, Zillow… y pronto DoorDash, Target, Uber y más. ¿Qué significa eso? Que desde el mismo chat podrás reservar un vuelo, hacer un diseño, pedir comida, escuchar música o buscar casa. Todo sin salir de ChatGPT.
Básicamente, OpenAI está construyendo su propio ecosistema: una especie de sistema operativo disfrazado de chatbot. Y como era de esperarse, el mercado reaccionó como si hubieran lanzado un nuevo iPhone. Cada empresa que apareció en la lista vio subir sus acciones al instante. Figma +7.4 %, HubSpot +2.6 %, Salesforce +2.3 %. Pero la más beneficiada fue AMD, que se disparó un increíble 24 % en un solo día.
Y aquí viene la parte jugosa del chisme: el caso de AMD fue distinto. Detrás del aumento no solo había hype, sino un trato multimillonario con OpenAI. Según filtraciones, Altman y su equipo acordaron comprar miles de chips AMD durante los próximos años, a cambio de hasta un 10 % de participación en la compañía. Sí, leyeron bien: OpenAI podría quedarse con una décima parte de AMD. Nada mal para una empresa que, hace apenas cinco años, era una “startup de IA”.
La jugada es estratégica: OpenAI quiere dejar de depender de Nvidia, que hasta ahora ha sido su principal proveedor de chips. Hace apenas dos semanas habían cerrado un contrato por 100 mil millones de dólares con ellos, y ahora suman a AMD al tablero. En lenguaje corporativo eso se traduce en: diversificar o morir.
Pero la historia no termina ahí. Con este movimiento, OpenAI deja claro que ya no juega en la liga de las startups, sino en la de los titanes. Hoy tiene 800 millones de usuarios semanales (sí, el 10 % de la población mundial) y está valuada en 500 mil millones de dólares, lo que la convierte en la startup más grande del planeta.
Y mientras todos hablan del próximo iPhone o del metaverso de Meta, OpenAI está silenciosamente construyendo el futuro: un lugar donde no necesitarás salir de ChatGPT para trabajar, comprar, crear o incluso planear tus vacaciones.
En los pasillos de Silicon Valley ya se escucha el rumor: “OpenAI no quiere ser una empresa de inteligencia artificial… quiere ser la infraestructura de todo lo digital”.
Y lo peor (o mejor, según a quién le preguntes): apenas está empezando.








