Existe un viejo axioma en el mundo empresarial que persigue como una sombra a los departamentos de seguridad: “La seguridad nadie la quiere, pero todos la requieren; y solo se nota cuando falla”. El problema de esta premisa es que condena a la seguridad patrimonial a ser vista como un gasto frío, un freno de mano o, en el peor de los casos, un “policía muerto” —ese tope en el camino que solo sirve para ralentizar la marcha—.
Para romper este paradigma, el Neuron Security Summit reunió en su tercer panel a un grupo de voces autorizadas que están cambiando las reglas del juego en México y Latinoamérica. Bajo la moderación de Rubén Fajardo (CEO de SIPROSI), los panelistas Paulina Bustos (Alpura), Carlos Corona (Danone), Francisco Vargas (99 Minutos) y Darío Preza (Wärtsilä) desmenuzaron lo que verdaderamente significa meter la seguridad en el ADN de las organizaciones, transitando de los modelos rígidos Top-Down a la construcción cultural Bottom-Up.
Hablar el idioma del negocio: El fin del “Efecto Policía”
El debate comenzó con una dura dosis de realidad financiera puesta sobre la mesa por Rubén Fajardo: en la productividad empresarial, cualquier gasto que no demuestra su participación en la utilidad tiende a reducirse o desaparecer. Por lo tanto, el primer gran desafío del CSO (Chief Security Officer) moderno no es técnico, sino lingüístico.
Darío Preza, con la perspectiva que da haber gestionado la seguridad en entornos tan complejos como la industria tabacalera, fue contundente: “Tienes que entender que tú no haces seguridad. Tú eres un gerente del negocio”. Para Preza, el verdadero respeto corporativo se gana cuando se deja de hablar con eufemismos o fatalismos y se empieza a hablar en términos de CAPEX, OPEX y mitigación de riesgos de negocio. La seguridad no genera ventas, pero sí evita que se evaporen 400 millones de pesos en un instante. Es, por definición, un habilitador estratégico.
En esa misma línea, Carlos Corona abordó cómo Danone ha evolucionado bajo el concepto del Trust Advisor (Asesor de Confianza). La seguridad no puede seguir siendo la última puerta que toca el equipo de operaciones antes de lanzar un proyecto. Debe estar sentada en la mesa desde el diseño original de la estrategia para encontrar el “cómo sí” con el menor riesgo operativo posible, transformándose en una ventaja competitiva y no en un stopper.
El reto de la última milla y el “primo bien portado”
Llevar la teoría del papel a la realidad de la calle es donde la estrategia Top-Down (las órdenes que bajan de la dirección) suele estrellarse. Paulina Bustos aportó una visión valiosísima desde su experiencia en Alpura y el sector de consumo: el verdadero reto está en las operaciones distribuidas. En un macrocentro de distribución es fácil invertir en tecnología avanzada y controles estrictos; el problema real ocurre en la última milla, en la tiendita, donde el clima o la prisa hacen que el operador deje la puerta abierta.
Bustos lanzó una propuesta interesante: la seguridad corporativa debe aprender de su “primo bien portado”, el área de Safety (Seguridad e Higiene), que ha logrado que toda la organización se involucre de manera orgánica. Al democratizar la seguridad y envolver al colaborador, este deja de ver el proceso como una imposición y se convierte en un aliado.
Por su parte, Francisco Vargas aportó la perspectiva del gigante logístico 99 Minutos. En la logística, donde la mercancía que transportas no es tuya sino de un cliente que confió en ti, la seguridad reactiva es una declaración de guerra. Vargas explicó cómo pasaron de ser un freno a ser un motor de productividad mediante la involucración: sentar a los operadores clave y al sindicato a diseñar las políticas. ¿El resultado? Índices de control que hoy les permiten recuperar hasta el 80% de la mercancía robada.
Conclusión: El ejemplo arrastra, la cultura permanece
El panel cerró con una reflexión profunda sobre la madurez de la industria en México. Mientras el mercado se inunda de “espejitos tecnológicos” e Inteligencia Artificial (que, como bien acotó Preza, muchas veces es solo un motor de búsqueda automatizado que no sustituye al pensamiento humano), la verdadera resiliencia sigue estando en las personas.
Como bien resumieron los ponentes citando la sabiduría de la experiencia: Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra. La seguridad dentro del ADN de una empresa es como un helecho; no crece de la noche a la mañana a base de decretos autoritarios. Requiere paciencia, riego diario, incentivos emocionales para quienes cumplen las normas y, sobre todo, una dirección general que sea la primera en poner el ejemplo en la banda de revisión.
Hacer seguridad en una región con los desafíos de la nuestra genera un “callo” profesional que hoy ya se reconoce a nivel mundial. Y este panel dejó claro que el camino hacia adelante no es poner más guardias o cámaras por instinto, sino educar al negocio para entender que proteger la cadena de valor es, al final del día, asegurar el futuro de la empresa.