Logística en tiempos de cambio

La logística después del caos: lo que la pandemia dejó al descubierto en la cadena de suministro

La pandemia no solo tensionó las cadenas logísticas globales; las desnudó. Congestionamientos marítimos sin precedentes, puertos saturados, almacenes rebasados y empresas obligadas a operar en condiciones para las que nadie estaba completamente preparado marcaron un antes y un después en la logística en México. Para Alejandro Martínez, Director Comercial de Amerisa Logistics, ese periodo fue un punto de quiebre que obligó a repensar la forma en la que opera toda la industria.

Durante esos meses críticos, la mercancía seguía llegando, pero la infraestructura y los procesos tradicionales ya no alcanzaban. El volumen simultáneo de incidencias en transporte marítimo, aduanas, almacenaje y distribución superó la capacidad de respuesta individual de muchos actores. De ese escenario, afirma Martínez, surgió una lección clave: la logística dejó de ser un conjunto de soluciones aisladas y pasó a entenderse como un sistema interdependiente, donde una falla mínima puede escalar a nivel cadena.

De la improvisación a la evolución operativa

Uno de los aprendizajes más claros del periodo postpandemia fue la necesidad de robustecer no solo las herramientas tecnológicas, sino también a los equipos humanos. La repetición constante de incidencias a gran escala obligó a elevar el nivel de respuesta operativa. Hoy, explica Martínez, los perfiles logísticos que antes eran considerados competentes ahora deben operar como especialistas capaces de resolver escenarios complejos en tiempo real.

La llegada de nuevos clientes, particularmente extranjeros, evidenció esta exigencia. Integrar transporte marítimo, terrestre, primera y última milla, junto con esquemas de almacenaje que incluyen B2B, B2C, e-commerce y logística inversa, dejó de ser excepcional para convertirse en la norma. Sectores como la moda, con altos volúmenes de devoluciones por talla o color, obligaron a redefinir la logística inversa no como un problema, sino como una etapa natural del proceso que debe ser rápida, visible y rentable.

Datos, tecnología y control en tiempo real

La tecnología se volvió un eje estructural. Sistemas de gestión de almacenes (WMS) permiten hoy controlar inventarios con niveles de profundidad que incluyen desde SKUs hasta números de serie, habilitando visibilidad compartida entre múltiples actores, incluso en diferentes países. Sin embargo, Martínez subraya que el verdadero reto no está solo en tener tecnología, sino en saber cuándo y cómo abrir el control operativo a los clientes sin generar riesgos.


A esto se suma el uso de sistemas de gestión de transporte (OMS), diseñados para controlar flotas propias y de terceros. En un contexto donde gran parte del transporte depende de proveedores externos, el seguimiento satelital ya no es suficiente. Las decisiones deben tomarse desde torres de control que integren información operativa, comercial y estratégica en tiempo real.

La logística como ventaja competitiva

Uno de los cambios más relevantes es la transformación del rol de la logística. Ya no se trata únicamente de ejecutar operaciones, sino de incidir directamente en el posicionamiento de las marcas. Marketplaces y grandes empresas miden hoy a sus proveedores no solo por la velocidad de entrega, sino por la calidad total del servicio. Diferencias mínimas, como responder minutos u horas más tarde, pueden afectar rankings, visibilidad y ventas.

Esta presión ha elevado los estándares operativos a niveles cercanos al 99.8% de cumplimiento, dejando poco margen de error. En este entorno, quedarse atrás no es una opción. La logística se convirtió en un factor estratégico que define la competitividad de las empresas.

Escasez de talento y retos estructurales en México

Entre los desafíos actuales más críticos en México destaca la escasez de operadores de transporte. A pesar de que los sueldos para choferes de tráiler son competitivos, la demanda supera ampliamente la oferta. Muchas empresas destinan equipos completos únicamente a la atracción de este talento, ofreciendo incentivos adicionales y programas de formación.

Al mismo tiempo, grandes jugadores globales han optado por integrar verticalmente sus operaciones, adquiriendo contenedores, flotas y personal propio. Esta capacidad de inversión amplía la brecha frente a operadores medianos, obligándolos a buscar alianzas estratégicas para mantenerse competitivos.

Inteligencia artificial: promesa, no sustituto

La inteligencia artificial ya está presente en la logística, especialmente en temas como análisis de datos y predicción de demanda. Sin embargo, Martínez considera que aún es temprano para confiar plenamente en su capacidad predictiva, sobre todo en mercados altamente volátiles. Aunque las inversiones multimillonarias en IA indican su relevancia futura, la experiencia humana sigue siendo determinante.

La diferencia, sostiene, radica en habilidades que las máquinas todavía no replican: intuición, empatía, criterio y capacidad de negociación. En logística, entender el contexto, anticipar reacciones humanas y tomar decisiones bajo presión sigue siendo un valor irremplazable.

Alianzas, especialización y decisiones conscientes

El futuro de la logística no apunta a empresas que lo hagan todo, sino a ecosistemas de especialistas. Definir claramente el perfil de cliente, el tipo de producto y el nivel de complejidad

es clave para evitar operaciones poco rentables. Ganar un gran contrato sin un análisis profundo puede convertirse en una pérdida estructural.

Las decisiones estratégicas, incluso las tomadas bajo presión, deben basarse en experiencia y claridad de objetivos. En un sector donde diferencias mínimas separan el éxito del rezago, la logística se consolida como un juego de precisión, colaboración y visión a largo plazo.

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