Las flotillas verdes en México: ¿Una transición viable o un desafío estratégico?

En el Virtual Summit de Movilidad Empresarial y Sostenible, expertos debatieron la viabilidad de flotillas eléctricas e híbridas en México. Destacaron que, pese al alto costo inicial, el TCO de los EVs es competitivo por sus ahorros operativos. La falta de infraestructura de carga y de incentivos diferenciados limita su adopción. Empresas como Scania y Essilor Luxottica compartieron casos de éxito. Se resaltó la necesidad de colaboración público-privada, capacitación técnica y diversificación energética para avanzar hacia flotas más limpias, eficientes y alineadas con las metas climáticas internacionales.

En el marco de un creciente enfoque en sostenibilidad y reducción de emisiones, líderes empresariales y expertos en movilidad debatieron en el Virtual Summit de Movilidad Empresarial y Sostenible la viabilidad de las flotillas eléctricas e híbridas en México. Con datos duros y experiencias concretas, el panel organizado por Ce Neutral exploró los retos, oportunidades y estrategias para acelerar esta transición.


1. Costo Total de Propiedad (TCO): La ecuación clave

Rodolfo Hernández (Scania) destacó que, aunque los vehículos eléctricos (EVs) tienen un costo inicial hasta 50% mayor que los diésel (principalmente por las baterías), su TCO es competitivo a mediano plazo. “El retorno de inversión (ROI) ha pasado de 10 a 5-6 años gracias a ahorros operativos”, explicó. Ejemplificó con modelos de Scania que ofrecen autonomías de 250-400 km y capacidad de carga de hasta 64 toneladas, demostrando avances tecnológicos clave.

Iván Frota (Essilor Luxottica) añadió que, en flotas arrendadas, los EVs reducen costos de mantenimiento en 30-40% y evitan restricciones como el hoy no circula. Sin embargo, señaló un desafío crítico: la incertidumbre en el valor residual de las baterías, que impacta los cálculos financieros a largo plazo.


2. Infraestructura: El cuello de botella

Diana Ávalos (AMIVE) enfatizó que México requiere un despliegue estratégico de infraestructura de carga, priorizando corredores de transporte de carga y público. “El sistema eléctrico nacional ya está bajo presión por demanda industrial y centros de datos. Sin planificación, colapsará”, advirtió. Datos de la AMIVE revelan que el transporte contribuye con 26% de las emisiones de GEI en México, lo que exige acción inmediata.

Rodolfo Hernández coincidió: “Las empresas early adopters, como Bimbo y Pepsi, invierten en electrolineras privadas, pero necesitamos proyectos colaborativos”. Mencionó la iniciativa Lenshift de C40, que impulsa electrolineras públicas para vehículos pesados, como un modelo a replicar.


3. Incentivos gubernamentales: Oportunidades y vacíos

Ávalos criticó la falta de diferenciación en incentivos: “La placa verde no distingue entre híbridos y EVs puros, lo que desincentiva la adopción de tecnología cero emisiones”. Propuso medidas como exenciones fiscales específicas y subsidios para infraestructura, alineadas con las metas del Acuerdo de París, donde México debe actualizar su NDC (Contribución Nacionalmente Determinada) en 2025.

Hernández añadió que beneficios como tarifas eléctricas preferenciales o exenciones de IVA para EVs mejorarían el TCO. “En Brasil, el etanol redujo emisiones en flotas comerciales. México podría explorar el biogás”, sugirió.


4. Casos de éxito y lecciones aprendidas

  • Scania reportó que sus clientes early adopters logran ahorros de 20-25% en combustible y cumplen metas ESG, aunque requieren contratos más largos (6 años vs. 3) para amortizar inversiones.
  • Essilor Luxottica implementó pilotos con EVs en su flota ejecutiva, eliminando restricciones de circulación y mejorando su imagen corporativa.

Ávalos advirtió sobre errores comunes: “Algunas empresas subestimaron el costo de infraestructura de carga o sobreestimaron la autonomía necesaria, afectando su ROI”.


5. El futuro: Tecnología, colaboración y diversificación

Los panelistas coincidieron en que la transición es irreversible pero requiere:

  • Colaboración público-privada para estandarizar infraestructura y políticas.
  • Capacitación técnica, desde directivos hasta mecánicos, para gestionar nuevas tecnologías.
  • Diversificación energética, integrando biocombustibles, gas natural e hidrógeno en nichos específicos.

“Para 2030, veremos flotas urbanas 100% eléctricas, pero el diésel seguirá en larga distancia. La clave es reducir emisiones donde sea más eficiente”, concluyó Hernández.

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