La logística que evoluciona o desaparece en un entorno de presión constante

La logística que evoluciona o desaparece en un entorno de presión constante

En un contexto donde la logística enfrenta presiones operativas, tecnológicas y ambientales cada vez más complejas, el transporte intermodal comienza a posicionarse como una alternativa estratégica, aunque todavía incomprendida para muchos actores del sector. Así lo plantea Joss Romero, CEO de Multimodal Solutions Cargo, al describir una industria que no solo debe adaptarse, sino transformarse desde sus cimientos para seguir siendo competitiva.

Lejos de centrarse en discursos optimistas, la visión apunta a una realidad más pragmática, las empresas que no evolucionen en talento, tecnología y modelos operativos simplemente quedarán fuera del mercado.

El verdadero diferenciador no es la tecnología, es el talento

Aunque la digitalización domina la conversación en logística, Romero insiste en que el factor humano sigue siendo el eje central. Para 2026, el desarrollo de talento aparece como el principal pilar estratégico, no sólo en términos de capacitación técnica, sino como una combinación deliberada entre experiencia y nuevas generaciones.

El modelo, según explica, no se basa únicamente en formar talento joven, sino en generar un intercambio constante donde la experiencia operativa se combine con habilidades digitales. Mientras los perfiles más jóvenes impulsan la adopción tecnológica, los perfiles con mayor trayectoria aportando criterio, contexto y conocimiento del negocio.

Esta integración no es menor en una industria donde la operación diaria deja poco margen para procesos de capacitación extensos. Por ello, la formación tiende a ser más precisa, enfocada y continúa, abordando desde inteligencia artificial hasta trazabilidad y herramientas digitales aplicadas al transporte.

Intermodalidad como eficiencia operativa y ambiental

El transporte intermodal, entendido como la combinación de dos o más modos de transporte, ha sido históricamente percibido como una solución compleja o incluso marginal. Sin embargo, el cambio en las prioridades del mercado, particularmente en temas de sostenibilidad, está modificando esa percepción.

Uno de los datos más relevantes es su impacto en la reducción de emisiones. En rutas de larga distancia, como el corredor México–Mexicali de aproximadamente 3,000 kilómetros, un solo tren puede movilizar hasta 240 contenedores. En términos prácticos, esto representa la sustitución de 240 tractocamiones en carretera, con el consecuente impacto en consumo de combustible y emisiones de CO₂.

Este tipo de eficiencias ha llevado a que más empresas comiencen a evaluar el intermodal no solo como una alternativa operativa, sino como una herramienta para cumplir objetivos ambientales. A través de métricas como calculadoras de carbono, las organizaciones pueden medir el impacto directo de migrar ciertos flujos logísticos de carretera a esquemas intermodales.

No todo puede ser intermodal

A pesar de sus beneficios, el intermodal no es una solución universal. Su implementación depende directamente de la infraestructura disponible, los tiempos de tránsito y, sobre todo, de la operación específica de cada cliente.

Existen rutas donde la carretera seguirá siendo indispensable, ya sea por falta de conectividad ferroviaria o por la necesidad de entregas inmediatas. En este sentido, el valor no está en sustituir completamente un modo por otro, sino en diseñar esquemas híbridos que combinen lo mejor de cada alternativa.

La toma de decisión, entonces, no parte del proveedor logístico, sino del entendimiento profundo de la operación del cliente: sus tiempos, sus restricciones y sus prioridades. A partir de ahí, se construyen soluciones personalizadas que pueden integrar transporte terrestre, ferroviario e incluso marítimo.

El mayor reto no es técnico, es cultural

Uno de los principales obstáculos para la adopción del intermodal no está en la infraestructura ni en la tecnología, sino en la resistencia al cambio. Muchas organizaciones operan bajo esquemas tradicionales y requieren un proceso de adaptación que involucra múltiples áreas: logística, compras, almacén y operaciones.

Implementar intermodal implica modificar procesos, tiempos y formas de trabajo. No se trata únicamente de cambiar el modo de transporte, sino de rediseñar la operación completa para alinearla a las dinámicas del ferrocarril, donde los tiempos son más estructurados y menos flexibles que en carretera.

Este proceso puede ser complejo y prolongado, pero una vez que se logra la integración, la operación tiende a estabilizarse y generar eficiencias sostenidas.

Digitalización en México entre avance y rezago

En materia tecnológica, el panorama en México muestra avances, pero también rezagos importantes. La percepción de que implementar sistemas como TMS o ERP es costoso sigue siendo una barrera, especialmente para pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, el acceso a nuevas herramientas y soluciones más flexibles está cambiando ese escenario. La clave, según Romero, no está en adoptar la tecnología más avanzada, sino en comenzar con implementaciones graduales que generen impacto real.

El riesgo no está en no tener tecnología, sino en subutilizarla. Sistemas mal implementados o equipos sin capacitación pueden convertir inversiones importantes en herramientas ineficientes. Por ello, la digitalización debe ir siempre acompañada de formación y adopción interna.

Adaptarse ya no es una opción

La presión del mercado ha eliminado cualquier margen de duda. La adaptación tecnológica y operativa ya no es opcional. Las empresas que no logren integrarse a ecosistemas digitales, interoperar con clientes y responder a nuevas exigencias quedarán fuera de juego.

Esto incluye desde la capacidad de conectar sistemas con clientes hasta la integración con plataformas de trazabilidad y gestión logística. La demanda ya no es solo mover carga, sino hacerlo con visibilidad, eficiencia y capacidad de respuesta en tiempo real.

La logística como un ecosistema de colaboración

Otro elemento clave es la relevancia de las alianzas estratégicas. En un modelo donde los operadores funcionan como integradores, la dependencia de socios logísticos, transportistas y proveedores tecnológicos es total.

Ninguna empresa puede operar de forma aislada. La capacidad de ofrecer soluciones completas depende directamente de la solidez de estas alianzas, que permiten ampliar capacidades, responder a requerimientos específicos y sostener la operación frente a la complejidad del entorno.

México y su oportunidad logística

En el contexto global, México mantiene una posición estratégica privilegiada, pero aún subaprovechada. La combinación de ubicación geográfica y talento disponible representa una oportunidad clara, siempre que exista una apuesta real por el desarrollo de capacidades.

El reto no es menor. Implica invertir en talento, adoptar tecnología, mejorar procesos y, sobre todo, cambiar la mentalidad con la que se ha operado históricamente.

Humanizar en la era de la automatización

Finalmente, en medio de la automatización y la inteligencia artificial, surge una advertencia clara: no perder el componente humano. En una industria de servicios como la logística, la relación con el cliente sigue siendo un factor determinante.

La tecnología puede optimizar procesos, pero no sustituye la empatía, la comunicación ni la capacidad de resolver problemas en entornos cambiantes. En un sector donde cada día presenta un reto distinto, esa combinación entre tecnología y humanidad se convierte en el verdadero diferenciador.

La logística, al final, no es solo mover mercancías, sino coordinar personas, decisiones y sistemas en un entorno donde la única constante es el cambio.

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