Pues resulta que Donald Trump decidió volver a encender la conversación global: su gobierno acaba de imponer una tarifa de 100,000 dólares para cada nueva visa H-1B, el famoso permiso que usan miles de profesionistas extranjeros —sobre todo en tecnología— para trabajar en Estados Unidos.
La medida, que entrará en vigor el 21 de septiembre de 2025, oficialmente busca “frenar abusos” y “priorizar talento altamente calificado”. Pero en los pasillos corporativos y en los chats de WhatsApp de los RH de grandes tecnológicas, lo que realmente se dice es otra cosa: ¿se acabó el sueño americano barato para el talento global?
El chisme detrás de la movida
Dicen que en Silicon Valley ya hay ejecutivos que se sienten como si les hubieran puesto un impuesto VIP por importar talento. Y ojo: no aplica a renovaciones ni a quienes ya tienen visa, pero cualquier empresa que quiera traer gente nueva de India, México o cualquier otro país tendrá que soltar la cartera.
En corto: el que tenga dinero, traerá talento. El que no, tendrá que voltear al sur.

Impacto directo en México y el nearshoring
Aquí es donde la cosa se pone interesante para nosotros:
- Empresas estadounidenses que se están ahogando con esta tarifa podrían decidir acelerar sus planes de nearshoring en México. Porque contratar a un ingeniero en Guadalajara o Monterrey sale mucho más barato que pagar 100,000 dólares extra por moverlo a California.
- México se vuelve más atractivo: las firmas de TI y manufactura podrían aprovechar la coyuntura para convencer a los corporativos de que el talento puede quedarse en territorio mexicano, a dos horas en vuelo, con costos más bajos y sin la bronca migratoria.
- Los hubs tecnológicos mexicanos (Monterrey, CDMX, Guadalajara, Querétaro) podrían recibir un impulso inesperado: no solo por talento local, sino porque corporativos prefieran instalar centros de desarrollo acá en lugar de pagar el “cover” de Trump.
El rumor en los pasillos
El chisme que corre es que algunos despachos de abogados migratorios ya están frotándose las manos con la lluvia de consultas. Y al mismo tiempo, venture capitalists y directores de operaciones empiezan a hacer números: “¿nos conviene pagar el fee o mover la operación a México?”.
Trump, sin querer queriendo, podría terminar siendo el mejor promotor del nearshoring mexicano.
La pregunta que queda flotando en la sala de juntas es:
¿este cambio migratorio será un golpe para el talento global… o el empujón definitivo que necesitaba México para posicionarse como el nuevo Silicon Valley latino?







