Cuidar al conductor es cuidar toda la cadena logística.

Entrevista con Rafael Castoldi, Business Development Director de Platform Science

Por Diana Lortia, Neuron Business Media

La entrevista con Rafael Castoldi, Business Development Director de Platform Science, replantea la seguridad en el transporte: el principal problema ya no es el camión, sino el conductor, responsable de más del 80% de los accidentes. La tecnología transforma la cabina en un centro de datos para monitorear y corregir comportamientos de riesgo como la fatiga y el uso del celular. Este enfoque no busca castigar, sino prevenir, aplicando modelos como la Pirámide de DuPont. Cuidar al operador y su seguridad se traduce en estabilidad, confianza y una reputación de marca más fuerte.

El camión ya no es el principal problema

Durante décadas, la industria del transporte concentró su atención en la máquina, motores más potentes, frenos más sofisticados, chasises más resistentes. La conversación con Rafael Castoldi, Business Development Director de Platform Science, obliga a replantear esa narrativa. El verdadero cuello de botella de la logística moderna no es el camión, sino la persona que lo conduce.

En México y América Latina, donde las carreteras muestran señales de abandono, señalización incompleta y largos tramos de terracería, la tecnología y la realidad se contraponen. Frente a ese escenario, un dato resulta imposible de ignorar, más del 80 % de los accidentes en el transporte pesado están relacionados con errores humanos, no con fallas mecánicas.

De las fallas técnicas a la fragilidad de la confianza

Los procesos de transición tecnológica suelen generar tensiones. La migración de sistemas, los cambios de operación y el miedo a la pérdida de información provocan incertidumbre entre las empresas que dependen de estas plataformas para tomar decisiones críticas. En la conversación, Castoldi explicó que los retos más complejos no fueron técnicos, sino burocráticos y legales.

En términos prácticos, esto revela una realidad poco discutida, las empresas no solo compran tecnología, compran estabilidad, continuidad y confianza. Cuando esa confianza se resquebraja, el riesgo operativo aumenta, incluso si el software funciona correctamente.

La cabina como centro de decisiones

Hoy, la cabina de un tractocamión se parece más a un laboratorio que a un puesto de conducción tradicional. Tabletas, sensores y cámaras convierten cada trayecto en una secuencia de datos. Aceleraciones bruscas, giros violentos, excesos de velocidad, distracciones por uso de celular y señales de fatiga quedan registradas de manera constante.

Más que un sistema de vigilancia, estas herramientas permiten construir perfiles de comportamiento. El análisis no busca expulsar a los conductores, sino comprender qué hábitos incrementan el riesgo. En un sector que enfrenta escasez de mano de obra, perder operadores no es una opción viable.

La pirámide invisible de los accidentes

Uno de los conceptos más reveladores fue la mención de la Pirámide de DuPont. Según este modelo, antes de que ocurra un accidente fatal existen miles de actos inseguros acumulados. La cifra mencionada —alrededor de 30 000 acciones inseguras— coloca los accidentes en una nueva dimensión: no son eventos aislados, sino el resultado de patrones repetidos que rara vez se corrigen a tiempo.

Ese enfoque cambia la pregunta central. Ya no se trata de qué pasó, sino de cuántas señales de advertencia fueron ignoradas antes de la tragedia.

Latinoamérica: un entorno de prueba permanente

La infraestructura latinoamericana, y en particular la mexicana, agrega variables que no siempre están presentes en países con redes viales más desarrolladas. Carreteras sin señalización, curvas pronunciadas, pendientes prolongadas y caminos de terracería convierten cada kilómetro en una prueba de cálculo.

En algunos casos, un camión de carga pesada puede volcar a velocidades de apenas 12 o 15 kilómetros por hora, dependiendo de su peso y centro de gravedad. Ante esa realidad, la tecnología ha buscado llenar los vacíos de la infraestructura mediante sistemas que identifican zonas de riesgo y sugieren velocidades seguras con base en el comportamiento histórico de miles de vehículos que ya han recorrido esas rutas.

Cuando la tecnología llega antes que la tragedia

No todo se mide en estadísticas. Uno de los relatos más contundentes fue el de un conductor que manejaba de noche con fatiga extrema. El sistema detectó el riesgo y activó una alerta prioritaria. Sin personal de monitoreo disponible, el protocolo automático contactó a la responsable del área, quien ingresó a la plataforma desde su teléfono y llamó al operador.

Durante varios minutos, lo mantuvo despierto, hablando con él, hasta que logró llegar a un punto seguro para detenerse. La frase que vino después no necesitó adornos: “Me salvaron la vida”.

El enemigo cotidiano dentro de la cabina

Aunque la fatiga representa un riesgo latente, el uso del celular se perfila como una de las amenazas más constantes. Una mirada de segundos basta para desviar la atención en un vehículo de varias toneladas. Dentro de la cabina, la percepción de control es engañosa: la altura y el tamaño del camión generan una falsa sensación de seguridad que reduce la percepción del peligro real.

La seguridad como reputación de marca

Un camión no transporta únicamente mercancía: transporta la reputación de quien lo envía. Cuando una unidad rotulada se ve involucrada en un accidente, el impacto no se limita al daño material. Afecta la confianza de los clientes, los contratos activos y la percepción del consumidor.

En la conversación se mencionaron casos de empresas que pasaron de operar con más de 60 transportistas tercerizados a trabajar con menos de seis, después de elevar sus estándares de seguridad y desempeño. En este sector, la confiabilidad se convierte en una ventaja competitiva.

El futuro no es más rápido, es más consciente

La narrativa que surge de esta entrevista no apunta hacia camiones más rápidos ni jornadas más largas. Apunta hacia una transformación cultural. Las empresas que están logrando mejores resultados ya no recompensan al conductor que recorre más kilómetros, sino al que llega seguro.

En un escenario de escasez de operadores, presión por tiempos de entrega y carreteras imperfectas, la conclusión se vuelve inevitable: el futuro de la logística no depende solo de máquinas más avanzadas, sino de decisiones humanas mejor informadas. Porque, al final, ningún motor es tan determinante como el segundo en el que una persona decide frenar… o mirar su teléfono.

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