La Copa del Mundo de 2026 prometía ser la gran catapulta económica para México. Sin embargo, tras el silbatazo final que coronó a España frente a la Argentina de Lionel Messi en el torneo más multitudinario de la historia, las cuentas en casa no terminan de cuadrar. Mientras la FIFA celebra ingresos récord por encima de los 15.000 millones de dólares, del lado mexicano el balance deja una estela de pérdidas millonarias, expectativas frustradas y un propietario histórico atrapado en su propia factura.
La costosa factura del Grupo Ollamani
El caso más llamativo de esta edición es el del Grupo Ollamani, el conglomerado encabezado por Emilio Azcárraga Jean que administra el Estadio Azteca —rebautizado comercialmente como Estadio Banorte— y la editorial Televisa. Lo que debía ser la joya de la corona en su estrategia de negocio se transformó en un impacto financiero estimado en 813 millones de pesos (unos 47 millones de dólares).
En su informe enviado a la Bolsa Mexicana de Valores, la compañía detalló una pérdida neta de 557,2 millones de pesos durante el segundo trimestre del año, a la que se suman otros 255,9 millones atribuibles al mes de julio. ¿La causa principal? Un prolongado litigio legal de un año y medio contra los propietarios de los palcos y plateas del recinto. Al perder la batalla, Ollamani tuvo que asumir el costo de reubicación y compra de aproximadamente 15.000 asientos ante la FIFA para cumplir con los compromisos contractuales del torneo.
A este desembolso se sumaron los costos operativos por la cesión del estadio para cinco encuentros y la logística requerida para la sede capitalina. Aunque desde la empresa enfatizan que se trata de un golpe extraordinario y que las obras de modernización, capacidad operativa y digitalización del Azteca reportarán beneficios en el largo plazo, el tropiezo trimestral ya está firmado.
Un rendimiento económico que se quedó a medias
Más allá del ámbito corporativo, la derrama económica general tampoco alcanzó las metas más optimistas. De acuerdo con un sondeo realizado por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac) y la consultora Deloitte, el evento generó en México unos 2.543 millones de dólares, apenas la mitad de las proyecciones más elevadas.
Si bien sectores como restaurantes, cantinas y comercios minoristas en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey lograron captar el flujo del gasto, el verdadero motor del consumo no fue el visitante extranjero, sino el público local.
Los números clave del torneo en México
- Turistas internacionales: Se registraron 494.000 visitantes, un 41% por debajo de lo proyectado.
- Estancia promedio: Apenas 2,5 noches por visitante.
- Impacto macroeconómico: Un impulso adicional estimado en 0,12% del PIB.
Las sombras: protestas sociales y un cheque en blanco fiscal
El sector turístico y hotelero fue uno de los más golpeados. Semanas antes del partido inaugural, una ola de cancelaciones sacudió a la capital del país. La causa: una serie de manifestaciones y bloqueos diarios por parte de gremios de campesinos, transportistas y maestros que buscaron utilizar la vitrina internacional del torneo para presionar al Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
A este escenario se sumó una decisión de política fiscal controvertida. México fue el único de los tres países anfitriones que otorgó exención total de impuestos a la FIFA, sus filiales, las confederaciones y los prestadores de servicios vinculados. De este modo, el Estado mexicano renunció a captar ingresos tributarios extraordinarios sobre una parte sustancial de la actividad económica generada por el torneo.
La paradoja de un torneo récord
A pesar de los desencuentros locales, sería impreciso calificar el Mundial como un fracaso en términos macroeconómicos. En el segundo trimestre de 2026, la economía mexicana mostró un crecimiento del 1,5%, recuperándose de la contracción previa del 0,8%, un repunte favorecido en parte por las obras e inversiones previas al evento.
A nivel global, la alianza entre Canadá, Estados Unidos y México superó con margen las previsiones iniciales de la FIFA, movilizando a más de 15 millones de personas entre estadios y festivales de hinchas. Pero al apagar los reflectores, la lección para México es clara: en el gran negocio del fútbol moderno, ser anfitrión no garantiza de forma automática que la copa se quede en casa.







