México posee un potencial enorme en hidrógeno verde, con 24 proyectos en desarrollo que representan inversiones de 21 mil millones de dólares. Sin embargo, el país carece de una Estrategia Nacional que brinde certidumbre regulatoria frente a competidores globales. Esta industria es vital para la seguridad energética, permitiendo reducir la dependencia del gas natural importado mediante el blending en centrales eléctricas. Los retos principales incluyen los altos costos de producción, la infraestructura logística y la gestión del agua en regiones estratégicas.
En un contexto global donde más de 1,500 proyectos de hidrógeno verde están movilizando inversiones por alrededor de 600 mil millones de dólares, México busca su lugar en la nueva economía del hidrógeno. Sin embargo, el camino está plagado de incertidumbre regulatoria, desafíos logísticos y una política pública que avanza a paso lento.
Actualmente, el país cuenta con 24 proyectos de hidrógeno verde, amoníaco y metanol verdes en desarrollo, que representan una inversión estimada de 21 mil millones de dólares, según Israel Hurtado, Presidente de la Asociación Mexicana de Hidrógeno y Transformación Energética. Estos proyectos, distribuidos en distintas regiones, son la punta de lanza de una industria incipiente pero prometedora.
El gran vacío: la falta de una estrategia nacional
El mayor obstáculo identificado por los expertos es la ausencia de una Estrategia Nacional de Hidrógeno. “La mayoría de los países avanzados en el tema de hidrógeno cuentan con estrategias nacionales… México no tiene”, advierte Hurtado. Este documento es crucial para alinear los esfuerzos de la industria, la academia y el gobierno, establecer metas claras y definir reglas del juego que den certidumbre a los inversionistas.
Guillermo, otro participante en el diálogo, es más enfático: “Yo soy un poquito menos optimista… necesitamos mucho más que protección civil para que este sector se desarrolle”. Señala la urgencia de definir un regulador claro (como la CRE), establecer normas técnicas específicas para el hidrógeno verde (producido con energías renovables y agua) y crear incentivos fiscales agresivos.
La oportunidad dual: descarbonización y seguridad energética
Más allá de la reducción de emisiones, el hidrógeno verde presenta una oportunidad estratégica para la seguridad energética nacional. Hurtado destaca un dato crítico: alrededor del 70% de la electricidad en México se genera con gas natural, del cual importamos aproximadamente el 80%.
“Si hay un tema de que nos cierren, como dicen, la válvula de gas natural… tenemos un problema”, afirma. La mezcla de hidrógeno verde con gas natural (blending) en las centrales de ciclo combinado de la CFE, así como la sustitución del hidrógeno gris (producido con gas) en las refinerías de Pemex, no solo descarboniza, sino que reduce la vulnerabilidad del país.
Los desafíos en la mesa: agua, infraestructura y costos
El desarrollo de esta industria enfrenta retos concretos:
- El recurso hídrico: La electrólisis requiere grandes cantidades de agua. En regiones como el Istmo de Tehuantepec, sede de varios proyectos, será necesaria la desalinización, incrementando costos y complejidad.
- Infraestructura y costos: Se requiere una red de ductos, adaptación de turbinas y una logística compleja. Actualmente, el costo de producir hidrógeno verde es cerca del doble que el del hidrógeno gris.
- Financiamiento y demanda: Se necesita atraer capital internacional y, sobre todo, crear demanda local. Guillermo propone mecanismos como “bonos verdes” o certificados que compensen la diferencia de costo inicial e incentiven a industrias pesadas (acero, cemento, vidrio) a realizar la transición.
El potencial: más allá de la molécula
Los expertos visualizan un potencial que trasciende la producción energética:
- Exportación: México podría aprovechar su potencial renovable (solar y eólico) para exportar hidrógeno o derivados (amoníaco) a mercados como Estados Unidos, Asia o Europa.
- Desarrollo industrial regional: Proyectos en el Istmo podrían detonar polos de desarrollo industrial en zonas históricamente rezagadas, creando empleo y cadenas de valor locales.
- Fabricación de tecnología: Existe la oportunidad de desarrollar una industria manufacturera alrededor de la cadena del hidrógeno, como la fabricación de electrolizadores o celdas de combustible.
Conclusión: Un llamado a la acción coordinada
El consenso es claro: México tiene un potencial enorme en el mercado global del hidrógeno verde, pero está perdiendo un tiempo valioso. La ventana de oportunidad se reduce frente a países que ya cuentan con estrategias definidas y están atrayendo inversiones masivas.
La receta pasa por una acción estatal urgente y decidida: promulgar una estrategia nacional con metas claras, establecer una regulación específica, ofrecer incentivos fiscales y facilitar la colaboración público-privada. Solo así la promesa del hidrógeno verde podrá traducirse en seguridad energética, desarrollo industrial y progreso hacia los compromisos de descarbonización. El momento de planificar y actuar es ahora.







