Enrique Nieto, Principal Analyst de Storage LATAM, analiza el estado actual del almacenamiento eléctrico de baterías en la región, los hitos regulatorios en México y la convergencia inevitable entre inteligencia artificial y energía limpia.
Contexto: ¿Qué es el almacenamiento eléctrico de baterías?
El almacenamiento eléctrico de baterías —conocido por sus siglas en inglés como BESS (Battery Energy Storage System)— es una tecnología electroquímica que permite capturar grandes volúmenes de energía para liberarlos a la red cuando se necesiten. Aunque el concepto no es nuevo, su masificación sí lo es: en la última década, el BESS pasó de ser una solución de nicho a convertirse en el eje central de los sistemas eléctricos modernos.
Enrique Nieto, Principal Analyst de Storage LATAM, lo explica con precisión: el catalizador de este cambio fue, en gran medida, la industria automotriz. El crecimiento exponencial de los vehículos eléctricos impulsó la innovación en las celdas LFP y NMC de las baterías de litio, reduciendo costos y escalando capacidades que antes parecían exclusivas de laboratorios. El resultado: soluciones de almacenamiento que hoy son competitivas económicamente para uso a escala de red.
“Estamos en lo que llamaría la década del almacenamiento eléctrico. Lo que vivió la energía solar entre 2010 y 2020, el almacenamiento lo vivirá en esta década: se convertirá en una tecnología mainstream para todos los sistemas eléctricos alrededor del mundo.”
¿En qué punto del ciclo está Latinoamérica?
Cuando se le pregunta a Nieto dónde se encuentra la región en la curva de adopción, su respuesta es clara y matizada a la vez: ‘adopción temprana comercial’. Ya se superó la etapa de validación tecnológica, pero aún queda mucho camino por recorrer en términos de regulación, educación de mercado y penetración real.
El caso más avanzado de la región es Chile, que en 2009 ya había instalado el primer sistema BESS de más de un megawatt para uso de red en toda Latinoamérica. Hoy, el país andino cuenta con aproximadamente 1.4 gigawatts instalados y cerca de 6 GW adicionales en pipeline, posicionándolo como el noveno país del mundo en capacidad de almacenamiento eléctrico.
México, en contraste, no ha alcanzado aún los 500 megawatts instalados para uso utilitario. Una cifra que, según Nieto, Estados Unidos ya superaba en 2016. Sin embargo, la brecha también representa una oportunidad enorme.
Los tres grandes beneficios del BESS para los sistemas eléctricos
Más allá del almacenamiento como concepto, Nieto identifica tres ventajas estructurales que hacen del BESS una tecnología indispensable:
1. Desplazamiento de inversiones en redes de transmisión. Al amortiguar picos de demanda localmente, el almacenamiento reduce la necesidad de expandir infraestructura costosa.
2. Respuesta ultrarrápida a cambios de frecuencia. El BESS reacciona en milisegundos, muy por encima de la velocidad de las plantas de gas piqueras, mejorando la estabilidad de la red.
3. Transformación de la curva de carga neta (curva de pato). Al absorber el excedente solar del mediodía, el almacenamiento permite una mayor integración de energías renovables sin desestabilizar el sistema.
“El almacenamiento eléctrico no solo da confiabilidad a la red: paradójicamente, hace que las plantas de generación firme sean más eficientes, porque pueden operar a niveles óptimos en lugar de estar modulando una sobreoferta solar al mediodía.”
México: El hito regulatorio que cambia el juego
Durante años, México careció de un marco legal claro para el almacenamiento eléctrico. Eso cambió en 2024 con el Acuerdo A113-2024 de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), que por primera vez reconoció formalmente la figura de almacenamiento eléctrico en sus modalidades: standalone, emparejado con una central eléctrica y autoabastecimiento, entre otras.
Este avance fue complementado por una decisión de gran escala: en diciembre, la Comisión Nacional de Energía autorizó 18 permisos de generación con un requisito mínimo del 30% de capacidad de almacenamiento por proyecto, lo que equivale a al menos 3 horas de despacho. El resultado: aproximadamente 1.2 gigawatts de almacenamiento declarados en construcción y cerca de 4 gigawatts adicionales en pipeline. Veinte veces la capacidad instalada actual del país.
La adopción industrial: antes que las plantas utilitarias
Un dato que sorprende a muchos: en México, el almacenamiento eléctrico penetró primero en el sector industrial, no en la red pública. ¿La razón? Las tarifas de demanda máxima. Para grandes consumidores industriales con picos de consumo elevados, instalar baterías para gestionar esos picos resultaba económicamente rentable mucho antes de que existiera un marco regulatorio para proyectos utilitarios.
El horizonte tecnológico: baterías de estado sólido y energía nuclear
Nieto traza un mapa de las tecnologías que definirán la siguiente ola de transformación energética. La primera: las baterías de estado sólido. A diferencia de las actuales baterías de ion litio, que utilizan electrolitos líquidos, las baterías de estado sólido reemplazan ese componente por uno sólido, logrando el doble o triple de densidad energética, más ciclos de descarga y mayor seguridad.
La segunda tendencia que Nieto señala con urgencia: la energía nuclear de pequeña escala (Small Modular Reactors, SMR). El analista advierte que México y Latinoamérica están subestimando la planificación en esta área, igual que subestimaron el almacenamiento eléctrico en 2018. Acuerdos recientes entre empresas como Oklo y Meta, o entre NuScale y gigantes tecnológicos como Amazon y Google para alimentar centros de datos con reactores modulares, marcan una tendencia que la región no puede ignorar.
Inteligencia artificial y energía: un ciclo virtuoso
Para Nieto, la inteligencia artificial no es solo una herramienta de análisis: es el motor de la próxima transformación económica global. Y esa transformación tiene una demanda energética sin precedentes.
‘El pilar de la infraestructura de la inteligencia artificial son los semiconductores, y debajo de los semiconductores se encuentra energía’, sintetiza. Alimentar la producción de chips y la operación de centros de datos requerirá una capacidad de generación masiva, y eso reconfigurará los sistemas eléctricos de todos los países, incluidos los latinoamericanos.
En Storage LATAM, la respuesta a este fenómeno es doble: usar inteligencia artificial para mejorar la recolección de datos del mercado energético y, al mismo tiempo, proveer señales de inteligencia de mercado a los actores del sector eléctrico para que la transición energética ocurra de manera más eficiente y anticipada.
“No he vivido desde el punto de vista económico un cambio tan importante como la inteligencia artificial. Ni siquiera Internet va a tener un impacto comparable en la forma en que los sistemas económicos funcionan.”
¿Cuándo habrá cumplido su promesa el almacenamiento eléctrico?
La pregunta que cierra la entrevista es de fondo: ¿cuándo podemos decir que el BESS cumplió con lo que prometía para Latinoamérica? Nieto responde con una metáfora precisa: no es una línea de llegada, sino una serie de ciclos que se cierran y se abren continuamente.
Si tuviera que fijar un indicador, elegiría el siguiente: cuando un país logre una penetración del 50% de energías renovables intermitentes —solar y eólica— sin comprometer la resiliencia ni la viabilidad económica del sistema, con el almacenamiento como columna vertebral de esa integración. La meta final, más ambiciosa aún: 100% de energía renovable con precios de electricidad competitivos.
“El almacenamiento eléctrico es una misión constante. En cuanto se cierra un ciclo, se abre otro. Va a seguir dando carrera por varias décadas.”
Conclusión
La conversación con Enrique Nieto deja una impresión clara: el almacenamiento eléctrico ya dejó de ser una apuesta de futuro para convertirse en infraestructura crítica del presente. México dio un paso significativo con la regulación de 2024 y los 18 permisos autorizados, pero el camino es largo y la ventana de oportunidad, estrecha.
Las empresas que comprendan hoy la lógica del BESS —sus beneficios de red, su potencial para reducir costos de demanda, su sinergia con la generación solar y eólica— estarán mejor posicionadas para navegar una década que promete ser tan transformadora como lo fue la expansión de internet en los años noventa.
El almacenamiento no es el futuro de la energía en Latinoamérica. Es el presente que todavía no terminamos de construir.
storagelatam.com · enrique@storagelatam.com · LinkedIn: Almacenamiento Eléctrico LATAM







