No apareció en el comunicado oficial, ni en la presentación trimestral, pero en los pasillos corporativos el comentario ya es recurrente: el puesto junior está desapareciendo. Nadie lo anunció. Simplemente dejó de publicarse.
En público, el discurso es impecable: eficiencia, automatización, optimización de recursos. En privado, el razonamiento es más pragmático —y menos inspirador—: la Inteligencia Artificial ya hace el trabajo operativo que antes se usaba para formar talento.
El detalle es que ese trabajo “operativo” no era un problema a resolver, sino el punto de entrada al mundo corporativo.
Según datos recientes, las vacantes para recién graduados han comenzado a reducirse de forma consistente. No porque falte trabajo, sino porque las empresas descubrieron que pueden avanzar más rápido sin pasar por la curva de aprendizaje humana. El algoritmo no pregunta, no se equivoca (demasiado) y no necesita mentoría.
Hasta aquí, la historia suena razonable. El verdadero tema —el que se comenta en voz baja en comités y cafés— es otro: si eliminamos el primer escalón, ¿de dónde saldrá el talento del futuro?
Porque el talento senior no aparece por decreto ni por headhunter. Se construye. Y durante décadas, se construyó justamente ahí: en los puestos junior, en los errores supervisados, en el aprendizaje cotidiano que hoy está siendo automatizado.
Lo curioso es que esta decisión no suele venir del área de talento. Viene del negocio. De la presión por resultados, de la obsesión por eficiencia, de la lógica de corto plazo que celebra ahorros hoy sin mirar la factura de mañana.
En público, nadie está dispuesto a decir que la IA está cerrando puertas. Suena políticamente incorrecto, poco empático y difícil de explicar en LinkedIn. En privado, la preocupación ya existe: estamos dejando de formar a quienes deberán liderar después.
El chisme corporativo no habla de una crisis inmediata, sino de una silenciosa. De esas que no explotan, pero se acumulan. De esas que, cuando se hacen visibles, ya no tienen solución rápida.
Tal vez el puesto junior no murió.
Pero claramente está siendo empujado hacia la salida, sin despedida y sin reemplazo.
Y en el mundo corporativo, pocas decisiones resultan tan costosas como aquellas que parecían perfectamente lógicas… hasta que dejaron de serlo.







