La industria automotriz global atraviesa una reconfiguración profunda donde el centro de gravedad se ha desplazado hacia China. Raúl Moreno, CEO de NextGen Intelligence, destaca que México enfrenta una oportunidad histórica como territorio estratégico, aunque advierte sobre riesgos por falta de infraestructura energética y nuevos aranceles a componentes asiáticos.
El éxito del país depende de cerrar la brecha tecnológica en la cadena de suministro, evolucionar hacia la ingeniería propia y adoptar la robótica industrial.
La industria automotriz vive uno de los cambios más profundos en su historia moderna. Nuevos jugadores emergen, las cadenas de suministro se reestructuran, los países redefinen sus estrategias industriales y el mercado global se mueve hacia una velocidad inédita. Para Raúl Moreno, CEO y fundador de NextGen Intelligence, este momento es mucho más que una transición: es una reconfiguración completa del tablero automotriz, donde México puede convertirse en protagonista… siempre que entienda lo que está en juego.
Raúl observa de cerca la llegada de nuevos fabricantes, los movimientos estratégicos de Asia, la presión regulatoria de Estados Unidos y el ascenso silencioso de marcas chinas que hoy marcan el ritmo global. La conversación con él revela una lectura precisa, técnica y profundamente realista de lo que viene para el país. Moreno comienza señalando la realidad que muchos aún evitan reconocer: el centro de gravedad del sector se ha desplazado hacia China. En manufactura, tecnología, velocidad de ejecución y escala, el gigante asiático tomó una ventaja que ya es prácticamente imposible de revertir.
Con la entrada agresiva de marcas como BYD, Changan, NIO y otras que empiezan a expandirse hacia Occidente, la pregunta ya no es si llegarán, sino cómo y cuándo lo harán. Y aunque Estados Unidos ha impuesto aranceles históricos, Raúl es tajante: “Los aranceles retrasan, pero no frenan. Ya están en Estados Unidos. Solo están esperando el momento adecuado para entrar en grande”. Ese movimiento, explica, tiene consecuencias directas para México. El país se ha convertido en un territorio estratégico donde confluyen intereses chinos, estadounidenses y europeos.
Pero esta posición privilegiada es también frágil. La reciente decisión del gobierno mexicano de aplicar aranceles a productos provenientes de países sin tratado genera un efecto inmediato en la cadena de suministro. La mayoría de las autopartes utilizadas por OEM y Tier 1 provienen de Asia, y el encarecimiento de estos componentes podría comprometer la competitividad de la manufactura nacional. Para Raúl, esto no es un asunto menor: “Las armadoras no pueden absorber todo ese incremento. Y si aumenta el costo de producir en México, perdemos atractivo”.
El reacomodo global, sin embargo, no proviene solo de tensiones comerciales. El fenómeno del nearshoring —que tras la pandemia impulsó una oleada de proyectos, visitas y anuncios— entra ahora en una fase más compleja. Muchas empresas frenaron inversiones por falta de infraestructura energética, regulatoria o técnica en ciertos estados. Raúl explica que la transición eléctrica y la atracción de manufactura de alto nivel están íntimamente ligadas a la disponibilidad de energía, algo que México no está desarrollando a la velocidad que la industria demanda. Esto impacta especialmente a los proyectos orientados a electromovilidad, baterías y automatización avanzada.
Aun así, Moreno no ve un panorama pesimista. Al contrario: considera que México enfrenta una oportunidad histórica, especialmente para fortalecer su posición dentro de la cadena de suministro. Para él, uno de los grandes retos del país es la brecha existente entre OEM, Tier 1, 2 y 3. Mientras los primeros exigen estándares globales de trazabilidad, procesos automatizados y calidad absoluta, muchos Tier 3 locales aún operan con modelos tradicionales, sin digitalización ni control de datos. Esa falta de homologación técnica es uno de los principales obstáculos para desarrollar una cadena competitiva a escala internacional.
El talento mexicano, sin embargo, es una de las mayores fortalezas del país. Moreno —que ha trabajado con ingenieros en distintos continentes— asegura que el nivel técnico de los ingenieros mexicanos es sobresaliente. “Tienen disciplina, capacidad analítica y una adaptabilidad impresionante”, afirma, aunque reconoce que la industria debe avanzar mucho más para dar espacio al desarrollo de ingeniería propia y no limitar al país únicamente a procesos de ensamblaje.
Otro factor clave en su análisis es el avance de la robótica industrial. En Asia, explica, ya existen plantas completamente automatizadas donde apenas unos cuantos operadores supervisan líneas capaces de ensamblar un vehículo cada pocos segundos. Para México, esto representa tanto un desafío como una oportunidad: los empleos manuales tenderán a desaparecer, pero crecerá la demanda de técnicos en mantenimiento, programadores de robots, integradores de sistemas y especialistas en datos. La transición no es opcional; es inevitable.
Toda esta perspectiva está estrechamente ligada a la labor de NextGen Intelligence, la empresa que Moreno fundó en 2022 para acompañar a compañías automotrices —desde OEM internacionales hasta proveedores Tier 1, 2 y 3— en su llegada y expansión dentro de México. Su firma ayuda a que estas empresas encuentren el sitio adecuado para instalarse, gestionen permisos, naveguen el marco regulatorio, realicen procesos de due diligence, concreten transacciones inmobiliarias industriales y desarrollen estrategias de negocio que les permitan operar con éxito en el país. Moreno lo resume con claridad: “Nuestro trabajo es hacer que México sea un soft landing de verdad. Sin sorpresas, sin dolores de cabeza, sin perder tiempo”.
Esa combinación de análisis, operación e inteligencia es lo que le ha dado a NextGen una posición privilegiada dentro del ecosistema automotriz. La empresa no solo observa la industria; la acompaña en su transformación. Desde su rol como consultor, Moreno ve la fotografía completa: los movimientos geopolíticos, la expansión asiática, la reindustrialización estadounidense, la presión regulatoria europea, el avance tecnológico y el potencial de México como punto de conexión.
Para cerrar, Moreno comparte un mensaje que captura la esencia del momento que vivimos: México tiene todo para convertirse en un actor central del reordenamiento automotriz global, pero eso dependerá de tomar decisiones estratégicas, no improvisadas. “Este es un momento histórico”, repite con convicción. “Si lo aprovechamos, podemos posicionarnos donde antes era impensable. Si lo dejamos pasar, tardaremos décadas en recuperar la oportunidad”.
Hoy, más que nunca, la industria automotriz necesita visión, inteligencia y estrategia. Y la lectura de Raúl Moreno —desde la experiencia de NextGen Intelligence— es una guía indispensable para entender hacia dónde se dirige el futuro de la movilidad y qué papel quiere jugar México dentro de él.







