En 1955, Bosch llegó a México con una promesa silenciosa: ser cómplice del futuro. No traía flores, sino bujías; no poemas, sino tecnología. En Toluca, 1966, nació su primera planta automotriz y el primer motor para elevadores de cristales. En los 80, sus herramientas eléctricas facilitaron la vida en casa; en los 90, sus sensores salvaron vidas en nuevas carreteras. Hoy, con 16 ubicaciones y 20,000 colaboradores, Bosch impulsa proyectos ambientales, becas y software desde Guadalajara. Tras 70 años, su mejor invento no es una máquina, sino el vínculo con México: un amor industrial que evoluciona sin perder el alma.
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