En Neuron Logistics Talks, Antonio López Franco, fundador de Salzillo, defiende que la logística se hace entre humanos, no en archivos de Excel. Con una visión disruptiva, apuesta por la dignificación del operador y la formación de talento desde cero, priorizando los valores sobre la tecnología. Su modelo de negocio atrae inversionistas al sector transporte como un activo tangible frente a la incertidumbre financiera. Para López Franco, el éxito radica en “enamorar al transportista” y entender que, ante el nearshoring, el factor humano es la única ventaja competitiva real.
En el mundo del transporte de carga, los errores son parte del camino. Así lo asegura Antonio José López Franco, fundador de Salzillo, una empresa mexicana con más de 15 años de trayectoria en el sector. En conversación con Neuron Logistics Talks, el empresario comparte cómo su historia —marcada por la prueba, el error y la reinvención constante— ha llevado a Salzillo a consolidarse como una compañía que apuesta por las personas antes que por los camiones.
“La logística se hace entre seres humanos, no en archivos de Excel”, comenta López Franco con convicción. “Los seres humanos tenemos emociones, problemas, y eso nos hace cometer errores. Pero benditos errores, porque gracias a ellos hoy Salzillo camina con fuerza”.
De vendedor de camiones a empresario del transporte
Antes de fundar Salzillo, Antonio López dedicó años a la venta de camiones para marcas como Kenworth e Isuzu. Su deseo de tener un negocio propio lo llevó, en 2007, a vender su casa y comprar sus dos primeras unidades de carga. “No tenía a nadie que me enseñara el mundo del transporte. Aprendí con prueba y error, pero aprendí rápido, porque si no estaría arruinado”, recuerda.
El crecimiento de Salzillo comenzó en 2010, cuando ideó un modelo que hoy representa su ventaja competitiva: inversionistas que adquieren camiones y confían su administración a la empresa. Así, mientras muchos buscan oportunidades en criptomonedas o bienes raíces, él invita a invertir en un sector tangible: el transporte.
El operador, el centro del negocio
Uno de los temas que más apasiona a López Franco es la dignificación del operador. “No hay malos operadores, hay transportistas sin valores”, sentencia. En Salzillo, las políticas de contratación son claras: no se aceptan operadores desempleados —“porque si lo están, algo pasa”— y se apuesta por formar talento desde cero, incluso con personas que antes manejaban transporte urbano o repartían refrescos.
La empresa también promueve un enfoque profundamente humano: “Si un operador quiere que su hijo también sea operador, lo despido por mediocre. Si te estás dejando la piel, que sea para que tu hijo vaya a la universidad”.
Esa visión, dice, es la que ha permitido construir una cultura sólida y evitar la rotación que afecta a tantas empresas del sector.
Humanismo y disciplina en tiempos de cambio
López Franco no rehúye hablar de temas incómodos: la drogadicción en la industria, la falta de compromiso o el exceso de confianza en la tecnología. “La droga mata, y muchos transportistas la permiten. Nosotros somos radicales en proteger la vida del operador”, afirma.
Aunque Salzillo utiliza cámaras con inteligencia artificial para prevenir accidentes por somnolencia, Antonio insiste en que la tecnología no sustituye la confianza. “El trato a la antigüita sigue siendo más efectivo. No hay que desconfiar del operador, hay que hacerlo sentir que este es el mejor lugar para trabajar”.
El nearshoring y el nuevo equilibrio
Sobre la tendencia del nearshoring, López Franco se muestra realista: “Esto no es nuevo, lleva 40 años pasando. Más que obsesionarnos, debemos crear las condiciones para que las fábricas quieran quedarse. Siempre habrá carga por mover”.
Su visión geopolítica es clara: México debe fortalecer su relación con Estados Unidos y Canadá, sin perder de vista Sudamérica.
Un mensaje para la industria
Para López Franco, el futuro del transporte tiene una ecuación sencilla: “Antes había 10 camiones y un flete; hoy hay 10 fletes y un camión”. Por eso, los generadores de carga y los intermediarios logísticos deben empezar a “enamorar al transportista”, ofrecer mejores condiciones y cuidar a quienes mueven la carga del país.
“Convénceme de ir a cargar contigo”, dice entre risas. “En esta industria, los clientes sobran, los operadores no”.







