La inclusión de mujeres en la minería ha avanzado de forma sostenida: según Women in Mining (WIM), la participación femenina global pasó de 8–10% en 2000 a cerca de 20–25% en 2024, impulsada por políticas de diversidad, automatización y cambios culturales dentro de las compañías. Aunque persisten brechas en liderazgo y operación subterránea, el sector vive un punto de inflexión histórico que redefine su fuerza laboral y abre paso a un futuro más equitativo y competitivo.
Inclusión en minería: historia, avances y futuro
La minería fue históricamente un sector excluyente para las mujeres. Hasta mediados del siglo XX, muchos países mantenían prohibiciones legales para que ellas trabajaran en minas subterráneas; por ejemplo, Chile levantó esa restricción recién en 1996. El cambio comenzó cuando WIM y otras organizaciones internacionales impulsaron estándares de diversidad, mentorías y visibilidad de talento femenino. Entre 2010 y 2020, grandes mineras como BHP, Rio Tinto y Anglo American adoptaron metas de paridad, lo que aceleró la incorporación de mujeres en ingeniería, geología, seguridad y operación de equipos.
Los datos muestran progreso: WIM reporta que las empresas con programas formales de inclusión aumentan hasta 30% la retención femenina y reducen incidentes de seguridad gracias a equipos más diversos. Además, la automatización —camiones autónomos, centros de control remoto, sensores IoT— eliminó barreras físicas que antes se usaban como argumento para excluir a mujeres de roles operativos.
El futuro apunta a una minería más tecnológica y sostenible, donde la demanda de habilidades digitales, gestión ambiental y liderazgo colaborativo favorece la participación femenina. WIM proyecta que, con políticas activas, el sector podría alcanzar 40% de representación femenina para 2035, especialmente en países que integren educación STEM, licencias equitativas y protocolos contra violencia laboral. La inclusión ya no es solo justicia social: es una ventaja competitiva para una industria que necesita talento diverso para enfrentar la transición energética y la presión por operar con mayor responsabilidad.