En la industria farmacéutica, la seguridad dejó de ser únicamente un tema patrimonial. Hoy, proteger una cadena de suministro significa también proteger la salud pública, la reputación corporativa y, en muchos casos, la vida de miles de pacientes. Esa fue una de las ideas centrales que compartió Mauricio Illera, Chief Security and risk officer LATAM de Antah, durante una conversación en Neuron Security Talks, donde abordó cómo el crimen organizado, la tecnología y el factor humano están transformando por completo la forma de entender la seguridad corporativa.

Desde su posición dentro del corporativo de Antah, Mauricio lidera estrategias de seguridad para distintas empresas relacionadas con la industria farmacéutica, manufactura y distribución. Su responsabilidad va mucho más allá de custodiar activos: se trata de garantizar que medicamentos altamente sensibles lleguen correctamente a quienes los necesitan, sin desviaciones, adulteraciones o pérdidas durante el trayecto.

Y es precisamente ahí donde aparece uno de los mayores desafíos de la industria. Para Mauricio, el problema no inicia cuando ocurre un robo en tránsito; en realidad, ese momento representa “el final de un plan”. Detrás de cada incidente existe inteligencia criminal, análisis de rutas, identificación de vulnerabilidades y conocimiento detallado de la operación logística.

La entrevista dejó claro que el delito también evoluciona. Hoy ya no actúa desde la improvisación, sino desde el análisis de patrones, horarios, movimientos y fisuras internas. En especial dentro de la industria farmacéutica, donde el alto valor de ciertos medicamentos, la demanda constante y una trazabilidad imperfecta crean un ecosistema atractivo para el mercado ilícito.

Uno de los puntos más interesantes de la conversación fue la llamada “triada” que Mauricio utiliza para analizar el riesgo: delincuente, mercado y cliente final. Bajo esta lógica, la seguridad no depende únicamente de cámaras, guardias o protocolos, sino de entender cómo interactúan todos los elementos alrededor del producto. Mientras exista demanda en el mercado ilegal, explicó, siempre existirá presión dentro de la cadena de suministro.

Por eso, el enfoque moderno ya no puede limitarse a proteger puntos específicos. Las organizaciones necesitan entender el sistema completo. Y ahí entran elementos como la trazabilidad en tiempo real, la disciplina operativa, el análisis de datos y, sobre todo, el factor humano.

Mauricio fue contundente al afirmar que muchas empresas siguen enfocándose demasiado en amenazas externas, mientras ignoran la vulnerabilidad interna. “El mayor riesgo no siempre está afuera”, señaló. La negligencia, la presión económica o incluso la falta de integración entre áreas pueden abrir puertas mucho más peligrosas que cualquier ataque externo.

En su visión, una de las mayores debilidades actuales es la fragmentación de la información. Producción, almacén, transporte y distribución suelen operar con sistemas separados, generando puntos ciegos donde el producto puede desviarse sin ser detectado a tiempo. “Lo que no está conectado, está expuesto”, resumió.

La conversación también exploró el papel de la tecnología dentro de la seguridad moderna. Aunque herramientas como inteligencia artificial, IoT y analítica avanzada son cada vez más comunes, Mauricio dejó una idea poderosa: innovar sin control únicamente digitaliza la vulnerabilidad. Para él, la tecnología sólo genera valor cuando se convierte en inteligencia operativa capaz de anticipar riesgos y no únicamente reaccionar ante incidentes.

Ese enfoque predictivo quedó reflejado en ejemplos concretos compartidos durante la entrevista. Uno de ellos involucró estrategias para “desvalorizar” productos farmacéuticos robados mediante sistemas que contaminaban automáticamente la mercancía tras detectar aperturas no autorizadas. Otro caso mostró cómo una empresa logró reducir drásticamente el robo de motocicletas modificando únicamente una pieza específica que era altamente demandada en el mercado negro.

Más allá de las soluciones tecnológicas, Mauricio dedicó parte importante de la conversación al rol del capital humano en la seguridad corporativa. Criticó cómo, en muchos casos, el personal de seguridad es tratado únicamente como cobertura operativa y no como un verdadero elemento estratégico. Desde su experiencia, la capacitación, el reconocimiento y la profesionalización cambian completamente la actitud y desempeño de un guardia.

“La seguridad se siente”, comentó al hablar sobre la percepción de los pacientes dentro de hospitales y entornos farmacéuticos. Desde la atención hasta la infraestructura, cada detalle construye confianza. Y en una industria tan sensible, esa confianza termina convirtiéndose en una ventaja competitiva.

Hacia el cierre de la entrevista, Mauricio dejó una reflexión que resume perfectamente el nuevo paradigma de la seguridad corporativa: el futuro ya no estará en preguntarse qué pasó, sino por qué no se vio venir. En un entorno donde el crimen evoluciona constantemente y donde cada movimiento genera datos, las empresas que sobrevivan serán aquellas capaces de integrar tecnología, comportamiento humano, inteligencia operativa y análisis predictivo en un solo ecosistema. Porque hoy, más que reaccionar, el verdadero reto está en anticiparse.

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