Ciberseguridad: la nueva sala de urgencias de las empresas

Emilio Mena (KIO) define la ciberseguridad como una emergencia constante donde la prevención estratégica es vital para la supervivencia empresarial.

Hablar de ciberseguridad hoy es hablar de velocidad, presión y decisiones críticas. Así lo describe Emilio Mena, Cybersecurity Specialist de KIO, quien compara su trabajo diario con el de una sala de urgencias: nunca sabes exactamente qué va a llegar, pero sabes que algo grave puede estar ocurriendo. Desde una simple desconexión accidental hasta un atacante que ya tomó control total de la operación, cada alerta exige cabeza fría y diagnóstico inmediato.

La realidad, explica Emilio, es que los ciberataques actuales poco se parecen a los escenarios de laboratorio o a los ejemplos académicos. En el mundo real hay empresas paralizadas, operaciones detenidas y personas desesperadas intentando entender qué pasó. Y aunque el ransomware sigue siendo la “joya de la corona” para los atacantes, el verdadero punto de entrada continúa siendo el mismo de siempre: el phishing. La diferencia es que hoy ese phishing es mucho más sofisticado, personalizado y potenciado por inteligencia artificial, capaz de imitar comportamientos humanos con una precisión inquietante.

México, además, se ha convertido en un objetivo atractivo. La rápida digitalización, la falta de talento especializado y la dependencia de terceros han creado un escenario ideal para los atacantes. Ya no buscan únicamente a las grandes corporaciones, sino a proveedores pequeños, startups o empresas tercerizadas con menores controles de seguridad. Atacar por la “puerta trasera” se ha vuelto una práctica común, con consecuencias que pueden escalar rápidamente hacia compañías mucho más grandes.

Otro frente crítico es el de la tecnología operacional, especialmente en fábricas e infraestructuras industriales que durante años permanecieron desconectadas y olvidadas. Hoy esos entornos están siendo blanco de ataques que pueden detener líneas de producción completas y generar pérdidas millonarias. A esto se suma el robo de identidad, una amenaza silenciosa que aprovecha la huella digital de las personas y la reutilización de contraseñas para acceder a múltiples sistemas y plataformas.

Más allá de los ataques, Emilio señala un problema estructural: la falta de talento en ciberseguridad. No solo se trata de salarios, sino de desgaste emocional, presión constante y escasez de formación real. La industria exige mucho, enseña poco y avanza demasiado rápido. A esto se suma un reto clave: la necesidad de perfiles “bilingües”, capaces de hablar tanto el lenguaje técnico como el del negocio. Sin esa traducción, la ciberseguridad se percibe como un ruido constante y no como un riesgo estratégico.

Cuando ocurre un ataque, los primeros minutos son decisivos. Entender qué pasó, mantener la calma y contar con información previa puede marcar la diferencia entre contener un incidente o perder el control total. El problema es que muchas empresas siguen sin invertir en prevención hasta que el golpe ya ocurrió.

La conclusión es clara: la ciberseguridad dejó de ser un tema técnico para convertirse en un tema de supervivencia empresarial. Vivimos en un mundo donde ya no solo existe un “yo” físico, sino también un “yo digital”, con datos, dinero y reputación en juego. Entenderlo, prepararse y actuar a tiempo ya no es opcional.

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