Rubén Fajardo (SIPROSI) impulsa la seguridad preventiva y estratégica basada en datos para combatir la impunidad y el riesgo interno.
En un país donde la impunidad ronda el 98.5% y la delincuencia es un desafío diario para las empresas, la seguridad deja de ser un lujo para convertirse en un pilar fundamental de la operación. Rubén Fajardo, Director de SIPROSI, con años de experiencia en la materia, ofrece una visión cruda y práctica sobre cómo las compañías en México deben replantear su estrategia de protección, pasando de la reactividad a la prevención inteligente.
La Seguridad es un Comportamiento, No un Departamento
Uno de los conceptos más contundentes que expone Fajardo es que “la seguridad no es un departamento, es un comportamiento”. Esto significa que no puede ser una función aislada, sino una cultura que debe permear todas las áreas de una organización. Lamentablemente, suele ser un factor que solo se nota cuando falla. “Los empresarios, mientras no tienen un incidente –un camión robado, un intento de secuestro o una fuga de información– no se preocupan. Y cuando sucede, quieren reaccionar”, señala.
El error, según el especialista, es actuar “a la derecha del hecho”: responder cuando el delito ya ocurrió. La clave está en moverse “a la izquierda del hecho”, implementando acciones proactivas que impidan que los incidentes sucedan.
Diagnóstico y Datos: La Brújula en un Mar de Riesgos
Fajardo es enfático: el primer paso para una seguridad efectiva es la medición. “La gente quiere ahorrarse ciertos costos, pero no se da cuenta de que al ahorrar los centavos, está descuidando los pesos”. Las empresas miden métricas de producción, calidad y entrega, pero no sistematizan la captura de incidentes de seguridad, por más pequeños que sean.
Un simple “flash” en la computadora de un empleado puede ser el indicio de un ciberataque, pero si no hay conciencia para reportarlo, no existe un análisis que permita entender la vulnerabilidad. Fajardo propone un “diagnóstico situacional” basado en un “mapa de calor” que identifique lugares, horarios y tipos de incidentes. “Si sé que cada viernes por la noche se pierde algo, intensifico la vigilancia ese día”, ejemplifica. Pero el conocimiento sin acción es inútil.
El Enemigo en Casa: El Riesgo del “Insider”
Un dato duro que Fajardo revela es alarmante: el 80% de los asaltos en carretera son “por encargo”. “El delincuente sabe por lo que va”, afirma. Esto implica que existe una filtración de información interna. Las estadísticas de la Asociación Internacional de Examinadores de Fraudes indican que el 80% de las oportunidades de fraude provienen del interior de la empresa, y un 40% de los ataques son una colaboración entre alguien de dentro y de fuera.
“El problema es el insider, el que está dentro de la casa y duerme con el enemigo”, advierte. La solución radica, en gran medida, en filtros más rigurosos en los procesos de contratación. “A veces las empresas contratan al primero que llega, y no saben a quién están metiendo en su casa”.
Los Cuatro Pilares de la Prevención Integral
Fajardo describe un modelo integral para prevenir la delincuencia, compuesto por cuatro componentes:
- Prevención Normativa: Establecer reglas claras, códigos de ética y manuales de procedimiento.
- Prevención Estructural: Atacar las causas raíz como la falta de vivienda, salud y educación. “Si la gente no tiene lo básico, puede verse tentada a delinquir”.
- Prevención Situacional: Es la más conocida e incluye guardias, cámaras, GPS y alarmas. Está dirigida a ese 15-20% de la población que, aun con lo anterior, decide comportarse mal.
- Reinserción o Aplicación Disciplinaria: Que existan consecuencias claras para quien comete un delito. Aquí, Fajardo señala el mayor talón de Aquiles de México: “En este país, tenemos 98.5% de impunidad. Ser delincuente tiene más probabilidades de éxito que ser empresario”.
Un Llamado a la Acción: Empresas y Gobierno
Fajardo concluye con una crítica mordaz a la normalización de la inseguridad. Relata una analogía sobre un puente lleno de baches que pincha los neumáticos de todos los que pasan. La “solución” del gobierno no fue reparar el puente, sino poner un vulcanizador al final. “En lugar de corregir lo que está mal, lo que estamos haciendo es sistematizando y normalizando las desviaciones sociales”.
Su mensaje para las autoridades es claro: “El buen juez por su casa empieza”. Es fundamental que el gobierno haga su parte para generar un entorno donde invertir no signifique negociar con el crimen organizado. Mientras tanto, las empresas tienen la responsabilidad de proteger su activo más valioso –su gente– mediante una seguridad estratégica, basada en datos y con una visión integral que convierta la prevención en una ventaja competitiva.

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